Como cada amanecer trae consigo el misterio de un nuevo día, cada inicio de un nuevo ciclo nos depara renovadas esperanzas.
El solsticio de invierno este año se produjo el 21 de Junio y no deja de ser una fecha significativa para aquellos que hacemos de la interculturalidad una forma de ver y transitar la vida; pocas veces concuerda el solsticio con la fecha estandarizada del calendario Gregoriano.
En Los Toldos, el territorio mapuche más fuerte de esta región de la provincia, con tiempo nos preparamos para recibir el nuevo sol.
Comenzamos en la mañana del sábado 20 y la ceremonia se extendió hasta el mediodía del domingo.
Asistieron a la celebración mucha gente. En momentos rozamos el centenar de personas. Fue muy fuerte ver cuando pedimos el permiso al lugar de la ceremonia caminando en silencio, girando cuatro vueltas en yunta, varones de la derecha y las mujeres por dentro del semicírculo que formábamos en torno al pillan lelfün, o lugar de la ceremonia. Ese silencio para muchos hablaba y nos contaba cosas muy profundas.Había en el grupo desde chicos pequeños de tres años hasta ancianos.
La noche nos sorprendió en ceremonia, la tormenta fue su aliada para que termináramos en completa oscuridad. Al finalizar la ceremonia encendimos el ñizol kuxal, el gran fuego que sería el centro de toda la noche. Teníamos amontonada ya abundante cantidad de leña y mientras le cantábamos el Tail kuxal, el canto al fuego, la persona que destinó y cedió el espacio ceremonial le acercó un fósforo; sin ningún combustible químico el fuego comenzó a encender con decisión. Fue esa la primera señal que el espacio nos recibió. Esa señal también marca que vamos por un camino correcto en cuanto a la identidad. Que estamos haciendo las cosas bien.
La noche transcurrió muy amena aunque en momentos lloviznaba, lo que para algunos sería un motivo de enojo, no escuché a nadie manifestarse, es mas todos la tomaron como parte de los invitados.
Al amanecer nos preparamos para la ceremonia central del wiñoy xipantü. Apagamos los faroles y nos preparamos para recibir la luz natural del amanecer. En ese instante la lluvia se hacía mas insistente, de ser una invitada mas parecía querer adueñarse del pillan lelfün o espacio de la ceremonia.De cara al Este recibimos la nueva salida del sol. Las nubes se interpusieron arrogantes ante los mapuches que lo esperábamos ver salir.
Cuando definitivamente amaneció, que la claridad comenzó a marcar el nuevo ciclo, con mucho frío y la cara mojada recibimos el año nuevo natural. Consideramos que esa es una prueba mas para afianzar la identidad, para reconocernos como parte de un todo.
La ceremonia duró un poco más de una hora y por momentos la lluvia cesaba y algunos pájaros comenzaban la rutina de surcar el cielo.
La tierra reseca agradecía el agua del nuevo ciclo natural y devolvía en pago un perfume especial.
Los mapuches nos emocionamos cuando adquirimos y comprendemos el lenguaje de la naturaleza. Por eso somos mapu, por eso somos che. Y cada inicio natural renace el orgullo de pertenecer a un pueblo milenario.
Matías García, quien también vivió esta experiencia, agrega:
Casi al medio día, miramos el cielo y observamos las nubes. Éramos pocos los que aun quedábamos en el lugar y quedamos atónitos al observar como las nubes en el horizonte parecian montañas que lo abarcaban todo, era tener a la cordillera a nuestro lado. Fue cuando me salió decir a uno de los peñi: “Será que los hermanos del sur, están con nosotros acá.”